Dos profetas y un rey

Pueden apreciarse en el II Libro de las Crónicas cinco avivamientos religiosos en el reino de Judá, siendo Aa el promotor del primero de ellos. Figura pues este rey entre lo más destacados de la nación y su vida está llena de importantes lecciones para el creyente.

Hay dos profetas íntimamente relacionados con tal rey: Azarías que aparece saliéndole al encuentro al volver victorioso de la lucha contra los etíopes, y Hanani, que le visita con motivo de su loca alianza con el rey de Siria. La lección que para el creyente señalan estos dos acontecimientos de la vida de Asa es bien clara; pero quizás podamos ensanchar la visión y fijar mejor la enseñanza teniendo en cuenta el significado del nombre de cada uno de estos dos profetas. Realmente sólo el nombre de cada uno tenía ya un claro mensaje para el rey.

  1. Azarías significa “Auxilio de Dios” y encierra la idea de aquel a quién Dios auxilia o socorre. Asa había aprovechado magníficamente los días de paz para fortificarse y está fortaleza descansaba sobre un sólido fundamento: Limpió el país de idolatría y mandó a Judá que buscasen a Jehová, Dios de sus padres y pusiesen por obra la Ley. Sabía que había enemigos y determinó hacerle frente llegada la ocasión.

Mas cuando surge el enemigo, es un enemigo de doble fuerzas que las suyas. ¿Qué hacer? Los pensamientos y actitud de Asa quedaban bellamente plasmados en su oración (14,11), una de las más preciosa de las Sagradas Escrituras (cortita, pero ¡cuán poderosa no sería para con Dios!): “No tienes Tú más con el grande que con el ninguna fuerza tiene para dar ayuda. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en Ti nos apoyamos”. Inmediatamente leemos: “Jehová dechízo a los etíopes delante de Asa”. Victoria completa y rico botín.

En su regreso a Jerusalén aquel ejército victorioso es detenido por unos momentos y su rey se ve ante el profeta; ante Azarías. Sencillamente Asa queda colocado ante un espejo: ¿Ves? Tú eres el hombre a quien Jehová ayuda; el hombre a quien Jehová auxilia, socorre. Tú eres Azarías.

El mensaje enfervoriza al rey y al pueblo y le hemos de aquel pacto hecho en Jerusalén (15,10-15). Pero había en el mensaje una palabra de amonestación; realmente empieza con un aviso “Si le dejáreis os dejará”. Había peligro de perder (a lo menos en parte) aquella bendición que disfrutaban.

  1. Han pasado unos veinte años y Asa ve cernirse un nuevo peligro sobre él y su nación. Baasa, rey de Israel, en alianza con Benadad de Siria, amenazaban seriamente el pequeño reino de Judá. ¿Qué hacer? Asa resuelve el problema con la agudeza y astucia de un gran político. Sabe que la fuerza de Baasa es Benadad; se propone, pues, no solo contrarrestar esta fuerza sino asimilársela y hace una alianza con el Siro. Los primeros frutos perniciosos de este mal paso pronto se echan de ver: el ejército de Siria aparece cruel y devastador sobre las ciudades de Israel al fin y al cabo hermano de los de Judá y juntamente con ellos pueblo escogido del Señor.

Y aquí que presenta a Hanani, qué significa “Gracioso”, no tanto en el sentido alegre y festivo, sino en el sentido primordial que la palabra la palabra gracia tiene en las escrituras “Gracioso”. el hombre bendecido por la Gracia de Dios; el hombre alegre y feliz al verse rodeado y sostenido por esta Gracia.

Locamente has hecho (16, 9). Y su locura resaltaba el al contemplarse nuevamente en el espejo. Mírate a ti mismo: ¿No eres Hanani, un hombre objeto de la Gracia de Dios? ¿No recuerdas que fuiste a Azarías, un hombre a quien Jehová bendijo con su auxilio? Tú mismo experimentaste y declaraste que el auxilio de Dios es de pura Gracia. Es tan plena y completa la bendición que en su Dios haya el creyente, que constituye una verdadera locura el olvidarse de él o relegarle a un lugar secundario en cualquiera de los asuntos o sin sustancias en que nos coloca la vida, y pretender solucionar nuestras situaciones con una lógica y sabiduría puramente humanas o “mundanas”.

Hay mucho esta conducta de Asa que mueve a una serie a meditación. En primer lugar no había razón para tal alianza. El profeta se lo hizo ver claramente. Su Dios era Jehová de los Ejércitos y Asa mismo había visto cuán fácil era para Él deshacer huestes formidables y fuerzas confederadas.

Segundo. Aquella alianza era a expensas de valores que pertenecían exclusivamente al Señor. Desde cierto punto de vista el rey podía disponer de las riquezas de la Casa real. Mas no así de los tesoros de la Casa de Dios; y quizás éstos fueran los más preciosos de los que compraron aquella alianza. Con el creyente pudiera ocurrir esto. Compromisos, negocios, alianzas con el mundo suelen hacerse a base o a expensas de valores que pertenecen exclusivamente al que nos rescató y compró en la cruz del Calvario. Nos sentimos muy felices al vernos declarados muertos al mundo en la cuestión del juicio de Dios contra el pecado y nuestra justificación y salvación eterna, pero tenemos nuestras lógica y “contundentes razonamientos” para disculparnos en el disfrute, más o menos, de lo que constituye el mundo; ¡ah, entonces cuánto nos gusta el imitar la “crucifixión del viejo hombre”.

Tercero. Las ganancias no compensa van las pérdidas. Es verdad que Baasa fué anulado y que las piedras de Rama le sirvieron para Mizpa y Gilboa, pero ¿cuál fué más adelante la suerte de estas ciudades? Además, y esto fué lo peor, Asa perdió aquel buen carácter paternal que se nota para con su nación.

Encarceló al profeta y oprimió algunos del pueblo, cosa que seguramente no hubiera hecho si en su corazón no hubiera habido aquella raíz de amargura que su equivocación hizo brotar.

Indudablemente Asa no perdió del todo la bendición de Dios ni el cariño de su pueblo, pero su vida parece acortada y sus últimos tres años no fueron los de un rey feliz.

No, no lo fué. El camino de la bienaventuranza o felicidad espiritual lo marca el salmo I. La característica de esta bienaventuranza lo da el versículo 1 pero el secreto está en el 2 ilustrado por el 3. El creyente debe ser un árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, que señala una posición inconmovible junto a los torrentes de la Gracia de Dios. Esta posición excluye el guiarse por el consejo de los malos, el andar en el camino de pecadores y el llegar a la silla de los escarnecedores.

Azarías mil veces auxiliado por la Gracia de Dios; Hanani, sostenidos y alimentados por esta Gracia, hechos felices, debe bastarnos esa Gracia maravillosa y sobreabundante. Nuestra aguja de marejar por la vida siempre debe estar orientada este consejo y promesa.

“Bástate mi Gracia”… Si, nos debe bastar.

Por : Mariano San León

Publicado en Abril de 1945 revista “El Camino”

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