Devocional

Jueves 01 DE DICIEMBRE DE 2022

El Señor estaba con José

Génesis 39:1-23

De nuevo retomamos la figura de José hasta el final del libro; algunas cosas habían cambiado: ya no tenía diecisiete años, había pasado de ser un muchacho favorecido por su padre a vivir en Egipto. Allí, siendo esclavo y comprado por un capitán de la guardia del Faraón llamado Potifar, su honestidad y fidelidad le valieron una posición de privilegio (v. 4). Cuatro veces aparece en este pasaje la frase: Yahweh estaba con José (vv. 2-3, 21, 23), este era el secreto de la vida de José. Tanto Potifar como el jefe de la cárcel reconocieron que se distinguía entre sus compañeros. La verdadera piedad desprende aromas que alcanzan con su perfume a las personas que nos rodean, quienes van a ser atraídas por nuestra conducta. 

Exposición

La integridad de su carácter. La presencia de Dios en la vida de José se reflejaba en la totalidad de su persona; a pesar de ser esclavo, era dueño de sí mismo. Aun estando en el fondo de una cisterna, no se desdijo ante sus hermanos de los sueños proféticos que había tenido, ni se atemorizó por haber sido vendido a aquellos mercaderes extranjeros. Tampoco perdió la serenidad ante la injusticia de ser enviado a la cárcel injustamente. No eran sus circunstancias las que conformaban su carácter e integridad, sino la presencia del Señor en él.

La fortaleza ante la tentación (vv. 7-12). Ahora entra en escena la tentación causada por la mujer de Potifar, quien buscó todas las formas posibles para que José, tan virtuoso en su carácter, pudiera caer en las redes de la seducción. Primero superó la adulación (vv. 7-8); después el pertinaz acoso (v. 10); y por último, una encerrona urdida por la mujer de Potifar (vv. 11-12), quien convencido por ella, decide enviarlo a la cárcel, cuando hubiera podido haberle quitado la vida. Dios no desampara a sus hijos y lejos de caer en el olvido, Dios le extiende su misericordia y alcanza gracia ante los ojos del jefe de la cárcel (v. 21).

Aplicación

Detrás de un decorado tan incierto y lleno de sinsabores, está la mano poderosa de nuestro buen Dios quien no solo no nos abandona a nuestra suerte, sino que nos conduce por caminos de salvación y con la seguridad; nada ni nadie va a cambiar sus propósitos eternos.

Reflexión: Una cosa es bien cierta, el pecado no se haya en ser tentado, sino en ceder a la tentación.

Unión Bíblica “Notas Diarias” Por : Juan Requena

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