Imitadores de Dios
Lunes 01 de Junio de 2026
Jonás 4:1-11
Los sentimientos de Jonás hacia los ninivitas no habían cambiado mucho a pesar de la corrección de Dios. Y sus peores tenores se hicieron realidad. Nínive se arrepintió y Dios perdonó. Sin embargo, Jonás, el servidor que tenía que reflejar el carácter de su Señor, solo sabía odiar.
Exposición
Un perdonado, no perdonador. La reacción del profeta es curiosa porque Jonás acababa de ser perdonado por el pecado de desobediencia. El culpable perdonado no quería ver el perdón en otros. No soportaba ver al Dios de Israel concediendo su gracia a gentes de fuera del pacto. Su nacionalismo y resentimiento podían más. A pesar de todo, parece que el viejo refrán castellano es cierto y la esperanza es lo último que se pierde. El versículo cinco nos dice que Jonás se sentó bajo una enramada que había hecho «hasta ver qué acontecería en la ciudad»; a lo mejor Dios acababa destruyéndolos a todos…
La paciencia del Señor. Lo cierto es que Dios, ha de mostrar tanta o más paciencia con Jonás que con Nínive, ha de enseñarle de nuevo en forma gráfica. Preparó una calabacera que, de la misma manera que hizo crecer, destruyó de un día para otro. Jonás, el hombre que no tenía misericordia de los hombres, mujeres, y animales (v. 11) de Nínive, ahora deseaba la muerte por la desaparición de un simple vegetal. Dios le tiene que hacer ver lo absurdo de su pensar.
Aplicación
También, muchas veces, imitamos la actitud de Jonás hacia los demás. Nuestros prejuicios, temores y carencias nos convierten en sus imitadores. Puede que solamente pensemos en nuestras congregaciones sin pensar en los de afuera y que no estemos dando el mensaje de Dios a los demás. O puede que prediquemos un evangelio que anuncia el infierno, sin lágrimas en los ojos. Nuestro odio hacía Nínive y los pecados cometidos por ésta contra el pueblo de Dios, nos pueden. Si es así estaremos siendo imitadores del carácter y los pensamientos de Jonás. No estamos llamados a ser imitadores suyos. Estamos llamados a ser imitadores, única y exclusivamente, del carácter, los sentimientos y los pensamientos de Jesucristo.
Reflexión: En muchas ocasiones, seamos sinceros, desobedecemos como lo hizo Jonás. En todas ellas, si acudimos con corazón contrito (Salmo 51:17), somos perdonados.
Unión Bíblica “Notas Diarias”