Devocional hoy

Miércoles 04 DE AGOSTO DE 2021

El propósito eterno

Hechos 2:22-36

Los vv. 22-24 contienen uno de los pasajes cristológicos más claros del N.T., y revelan con claridad el “determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (23), o propósito eterno. La historia de la redención ha sido escrita por Dios de principio a fin.

Exposición

Cristo era el único acreditado, o aprobado, para la obra a realizar (22), y en el libro de Apocalipsis es el único digno de abrir los sellos, porque fue inmolado y con su sangre redimió de todo linaje y lengua y pueblo y nación (Ap. 5:9). El pueblo sabía a quién se refería Pedro: Jesús de Nazaret quien había realizado milagros, prodigios y señales (tres palabras en la Biblia para actos sobrenaturales) en beneficio de ellos, pero al que habían pedido crucificar a gritos (Lc. 23:21). Es posible que alguno de los presentes participase de esta escena. Los judíos pidieron la muerte de Jesús en complicidad con manos de inicuos, es decir, hombres no sujetos a la ley mosaica, soldados romanos gentiles. Sin embargo, la resurrección evidenció que el Padre no abandonó su alma en el infierno y aceptó ese sacrificio esperado por Él, para satisfacer su justicia. Los dolores de la muerte representados por un parto, concluyeron (24).

Todo estaba preparado como había sido profetizado por el salmista David. El Sal. 16:8-11, por tanto, no podía aplicarse a él puesto que sólo Cristo no vio corrupción. Dios le había prometido a David un descendiente permanente en su trono (2 Sam. 7:11-16), y Cristo hizo ese trono eterno al sentarse en él. Ahora Cristo está exaltado a la diestra del Padre, posición de autoridad y victoria, en el lugar que le corresponde eternamente (Sal. 110:1). Con razón David pudo decir antes de morir que Salomón no era el candidato definitivo (2 Sam. 23:3-6).

Aplicación

Ya sabemos cuál es la posición de Jesús y el precio: soportar los dolores de la muerte, pero ¿cuál es nuestra posición? A causa de su muerte, estando muertos en pecados, nos amó, nos dio vida juntamente con Cristo por gracia, y nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Ef. 2:4-6). ¿Se puede pedir más? ¿No merece Dios nuestra permanente gratitud y adoración por medio de nuestras vidas?

Pensamiento: Cristo tuvo que dejar una tumba vacía para llenar por la fe nuestros corazones.

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