En busca de la Identidad

(Reflexiones ante la ideología de género con Dios al fondo)

Por : Orlando Enríquez y Anabel Álvarez. (Médicos)

IDENTIDAD SEXUAL, IDENTIDAD DE GÉNERO Y ORIENTACIÓN SEXUAL

Hablemos un poco de estos conceptos:

  La identidad sexual. Debemos partir de la genética y de la embriología, ya que el sexo nos viene dado por las características biológicas que están en los genes (el ADN) de cada célula de nuestro organismo. Es lo que conocemos como genotipo y todo el conjunto de cromosomas determinan la identidad biológica. Las diferentes combinaciones en el ADN determinan las características de los seres humanos: color de pelo, tono de piel, o cualquier otro rasgo que marca la individualidad de la persona. En cada célula del ser humano hay 23 pares de cromosomas (46 en total) 22 pares se conocen como autosomas y son iguales en el sexo masculino y el femenino. El último par, son los que llamamos “cromosomas sexuales “. Aquí existe una diferencia: las personas femeninas tienen dos cromosomas X y las personas masculinas tienen un cromosoma X y otro Y1 existiendo más de 6.500 diferencias genéticas entre hombres y mujeres, ya desde la concepción, expresándose posteriormente en unas características externas conocidas como fenotipo: órganos genitales diferenciados y características corporales que conforman el aspecto externo, dando lugar a una identidad que reconocemos desde fuera, como “femenina” o “masculina”.

  Sin embargo, los partidarios de la ideología de género defienden que no se asigne el sexo al nacer. Dando muestras de cómo la ideología se está infiltrando en las publicaciones científicas, a finales de 2020 Vadim M. Shteyler y sus colaboradores2, propusieron en una prestigiosa revista médica, que se cambiara el sitio en el que aparece el reconocimiento del sexo en el certificado de nacimiento, alegando que 1 de cada 5000 personas podría tener un estado intersexual. Aluden a que la definición del sexo es un proceso y apelan a una serie de justificaciones que son, en realidad, condicionamientos psico-socioculturales en el desarrollo del ser humano. Aunque refieren que asignar el sexo en el momento del nacimiento no tiene utilidad clínica, se contradicen al admitir que sí que hay diferencias que han de ser tenidas en cuenta a la hora de investigar, ya que las resultantes de muchos estudios clínicos son diferentes si se trata de hombres o de mujeres. La inconsistencia de esta insistencia se hace patente también al protestar contra la asignación del sexo en el certificado de nacimiento, pero no tener reparos en asignar a la categoría deportiva “femenina” a una persona que, únicamente, tenga un nivel de testosterona inferior a 5 nmol/L. No les queda más remedio que admitir que esto último admite controversia, a pesar de que así lo ha decidido en USA la Asociación de Federaciones de Atletismo.

  La identidad de género tiene que ver con “sentirse masculino o femenina”. Por supuesto que esto se desarrolla en el medio familiar y comunitario, siendo influidos por los modelos que nos rodean para configurar dicha identidad. Los fundamentalistas de la ideología de género empujan claramente a que el individuo sea quien decida qué quiere ser. En realidad, lo dejan solo y como mucho, con un coro virtual de desconocidos que no dudarán en aplaudir desde las redes sociales. Es el fruto del constructivismo posmoderno mencionado en el primer artículo de esta serie. “Cómo me siento yo” se pretende equiparar a “lo que soy”. En realidad, estamos ante la crisis del yo, como apuntaba a título personal la Dra. Luisa González, vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid.3 ¿Quién soy? ¿Quién quiero ser? ¿Soy él, ella, elle? El asunto cobra un matiz grave al pensar en lo que puede ocurrir con los menores. El Dr. César Arango, jefe de Psiquiatría Juvenil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, catedrático en las Universidades Complutense y de Maryland, y ex presidente de las Sociedad Española de Psiquiatría, alerta sobre el peligro de dejar a los adolescentes, sin más matices, que tomen las riendas del género. Sostiene que la cifra que se reclaman “trans” sin serlo se ha multiplicado por la ideologización. Es una de las valientes voces que protestan desde las gradas clínicas. “-Rebate usted la autodeterminación de género- le pregunta un periodista-. Desde luego -contesta el Dr. Arango- , y mezclar el género con el sexo y dar la imagen de que uno puede elegir el sexo que tiene… No, es una locura. Uno, o es XX, o es XY. Vive como quieras , pero el sexo es el que es y los médicos tenemos que saber cuál es el sexo de una persona, porque los tratamientos en ocasiones son diferentes dependiendo de uno u otro.” 4

  En tercer lugar, la orientación sexual, que se refiere al sexo hacia el que un individuo se “siente” atraído, y estará influido por el ambiente y el entorno de relaciones y vínculos tenidos desde la infancia con sus referentes de ambos sexos. La cuestión es si esos sentimientos van a, solo influir, o bien determinar el estilo de vida sexual que se decida tener. La realidad es que, en la sociedad hedonista, las emociones llevan el timón de las decisiones, pero no tiene que ser necesariamente así: la alternativa recomendable es elegir en virtud de la identidad sexual, aunque contradigan los impulsos emocionales. Romanos 7 nos muestra esta tensión interna y nos deja claro la elección a tomar. Históricamente, siempre se ha defendido en Psicología la importancia del ambiente familiar y social en la orientación sexual, aunque no tenían por qué ser determinantes en la decisión. Hoy en día se levantan voces que parecen quitarle importancia al tipo de vivencias con el que se ha crecido, tachando todo lo que no sea puramente emocional y tapando la boca incluso a los padres, sabedores de la realidad de sus hijos, que presencian impotentes el altavoz dado a unas emociones puntuales, aparecidas de la noche a la mañana muchas veces en un periodo tan confuso como es la adolescencia.

En cuanto al determinismo propuesto por muchos, el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre las bases genéticas de la sexualidad humana ha revelado la existencia de cinco puntos del genoma relacionados con el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo y parece haber una tendencia genética a cierta atracción en este sentido. A pesar de ello, ninguno de los marcadores es lo suficientemente fiable para predecir la sexualidad de un individuo. Los hallazgos, publicados en agosto de 2019 en la revista Science y basados en el análisis del genoma de casi 500.000 personas5, refuerzan los resultados obtenidos en el pasado por estudios menores y confirman las sospechas de muchos científicos: aunque las preferencias sexuales tengan un componente genético, (esto es muy importante en la pastoral) ningún gen ejerce por sí solo un efecto desmedido en el comportamiento sexual. «No hay un “gen gay”», afirma Andrea Ganna, primer autor del estudio y genetista de Harvard y del Instituto Broad del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Los resultados no comprenden el caso de minorías sexuales y de género como las personas transgénero o las intersexuales.

LOS ESTADOS INTERSEXUALES

¿Y qué pasa con los conocidos como “estados intersexuales”? Citando literalmente a Errasti y Pérez Álvarez: “el sexo no es una variable continua, ni las criaturas intersexuales son sexos diferentes, sino variantes que todo hecho biológico presenta, por cierto, estadísticamente inapreciables”.6

  Estos autores comentan que la filósofa y bióloga Anne Fausto Sterling propuso en 1993, de forma provocativa, como reconocería después, la existencia de cinco sexos: además del 1) masculino y 2) femenino, la autora propuso: 3) “hermes“ : hermafroditas, gente nacida con un testículo y un ovario, 4) ”merms” varones pseudohermafroditas, que tiene ovarios combinados con algunos aspectos de genitalidad masculina y 5) “ferms”, mujeres pseudohermafroditas, que tienen ovarios combinados con algunos aspectos de genitalidad masculina. “A decir verdad -añade- iré más lejos en mi argumentación: diré que el sexo es un continuo vasto e infinitamente maleable que desafía los límites de incluso cinco categorías”. Se atreve a proponer una proporción de casos del 1,7%, derivada de sumar una serie de condiciones cuyas cifras ofrece la propia autora, incluyendo un grupo de diagnósticos médicos que señalamos en la referencia 7, con un problema en el listado de los mismos, según señala Leonard Sax: concretamente, que las cinco condiciones más comunes citadas no se consideran intersexuales, sino que pivotan sobre uno u otro de los sexos, de manera que, restadas, la cifra de Fausto-Sterling sería en realidad cien veces menor: del 0,018%, dos de cada diez mil nacidos. Así pues, las categorías sexuales son discretas, no continuas ni fluidas. Análisis más sofisticados que el de Fausto-Sterling, como el de Amanda Montañez en Scientific American, titulado “Visualizando el sexo como espectro”, señalan que las condiciones intersexuales son discretas entre sí y no se manifiestan a lo largo de una escala continua, por lo que es absurdo llamar al sexo “un espectro”. No hay que olvidar que otro determinante del sexo de un individuo es la función que cumple en la reproducción sexual anisogámica, es decir, el tipo de gameto que aporta a la reproducción. “Intersexual” es un término que puede dar lugar a equívocos, porque no existen los “intergametos”, o sea, células que estén a medio camino de los espermatozoides y los óvulos.

  Por tanto, hemos de contrarrestar la falacia de considerar a las personas intersexuales como individuos intermedios entre varones y mujeres, siempre como una forma de demostrar que la “lógica del género” –su carácter continuo, borroso, difícil de operativizar e inherentemente discutible y subjetivo- es la que caracteriza también al sexo biológico. Esta interpretación literal del término intersexual está presente en la discusión política. Las declaraciones que hacen las revistas, como la citada Scientific American y Nature contra el sexo binario, proclamando el sexo como un continuo o un espectro, están políticamente motivadas, no científicamente fundadas. Según Colin Wright: “Podemos reconocer la existencia de casos muy raros en humanos en los que el sexo es ambiguo, pero esto no niega la realidad de que el sexo en humanos es funcionalmente binario. Estos editoriales (Scientific American y Nature) no son más que una forma de sofistería científica con motivaciones políticas. Si lo que se quiere es respetar a quienes sienten las cosas de otra manera, no es necesario tergiversar la biología para exigir respeto y defender los derechos debidos a las personas trans y a las personas que no se consideran binarias”.8 Pero no tiene base biológica. Preston Sprinkle cita: “el sexo es una diferenciación constitutiva, observable en el nacimiento y codificado en nuestros genes, esencial para la supervivencia de las especies, y básico para todos los sistemas de socialización. Juega un papel fundamental en la formación de la identidad de cada individuo. Debe ser considerado como un dato esencial a la hora de definir al ser humano y la naturaleza de la humanidad y, por tanto, sirve como primer test ante falsas nociones sobre la humanidad genérica…” 9

¿CÓMO SE DEFINEN LOS TRANSGÉNERO?

  También conviene que nos acerquemos a todo el conjunto de categorías en las que se mueven todas estas personas. Según las definiciones que encontramos en Wikipedia, (en este caso, con abundante bibliografía) el término transgénero se refiere a las personas que “tienen una identidad o expresión de género que difiere del sexo que se les asignó al nacer”.

  Algunas personas transgénero, que desean asistencia médica para la transición de un sexo a otro, se identifican como transexuales. Transgénero, a menudo abreviado como trans, es también un término general o paraguas; además de incluir a las personas cuya identidad de género es la opuesta a su sexo asignado (hombres y mujeres trans), también puede incluir a las personas no binarias o genderqueer. (El término queer, significa en inglés “poco usual, raro”). Otras definiciones de transgénero también incluyen a las personas que pertenecen a un tercer género, o bien conceptualizan a las personas transgénero como un tercer género. El término transgénero puede definirse de forma muy amplia para incluir a los transformistas y a los que pertenecen al llamado género fluido; es decir, dando por hecho que en unas épocas te puedes identificar más con un género y otras, cambiar.

  Ser transgénero es, según las explicaciones del colectivo, distinto de la orientación sexual. Las personas transgénero pueden identificarse como heterosexuales, homosexuales, bisexuales o asexuales, o pueden negarse a etiquetar su orientación sexual. El término transgénero también se distingue de intersexual. Definen que lo contrario de transgénero es cisgénero, que describe a las personas cuya identidad de género coincide con su identidad sexual.

  El grado en que los individuos se sienten genuinos, auténticos y cómodos con su apariencia externa y aceptan su identidad genuina se ha denominado congruencia transgénero. Muchas personas transgénero experimentan disforia de género, y algunas buscan tratamientos médicos como la terapia de sustitución hormonal, la cirugía de reasignación de sexo o la psicoterapia. No todas las personas transgénero desean estos tratamientos, y algunas no pueden someterse a ellos por razones económicas o médicas.

  En fin, que vista la frase de Michael Hendricks: “… Ser trans género tiene que ver …con lo que una persona siente en su interior…”, entendemos por qué Facebook posee 71 géneros diferentes para seleccionar un perfil10

LA RUTA DE TODA IDEOLOGÍA HASTA SU IMPOSICIÓN

Todas estas ideologías aspiran a tener el poder para cambiar la realidad a su manera y tienen, por tanto, su agenda definida, como estamos observando.

¿Cómo se pretende llevar a cabo? Pues como siempre se ha hecho a lo largo de la historia cuando se ha pretendido imponer una ideología. Esa es la gran diferencia con las creencias: la ideología se impone, mientras que la creencia se propone. ¿Qué estrategias se llevan a cabo hasta su imposición?11:

1. Manipulación del lenguaje. Es conocida la influencia de las palabras en nuestro pensamiento. Si, por ejemplo, hablamos de “interrupción voluntaria del embarazo” en lugar de decir “aborto”, la carga emocional cambia. Si se pretende considerar que el lenguaje actual es “una imposición machista”, y empezamos a hablar de “ciudadanos/ciudadanas”, podemos llegar a manipular a personas a quienes jamás se les ha pasado por la cabeza excluir a las mujeres al mencionar el genérico “ciudadanos”. Sin embargo, estos colectivos ya han conseguido imponer sus guías de uso del lenguaje en muchas administraciones.12 En ocasiones, el uso de los desdoblamientos (ellos/ellas, …) que la Real Academia Española de la Lengua no recomienda, hace farragosa la lectura de documentos, ya que nuestro cerebro tiende a economizar. En otras, se raya casi en el ridículo, cuando algunas autoridades han propuesto, por ejemplo, sustituir el concepto de “patria” por el inexistente “matria”13, cuando resulta que la idea original del primer término ha sido siempre el femenino “madre patria”. Y, por supuesto, añadir el sufijo “…fobia” (homofobia, transfobia) a todo el que no esté de acuerdo con los postulados de estos activistas, añade una carga semántica de “intolerancia intolerable” que caerá sobre el disidente. Es la nueva inquisición laica.

2. Manipulación de los medios de comunicación. El control de la narrativa. A la vez, las ideologías siempre tienen en su agenda infiltrarse en todos los medios de comunicación. Informativos, series, películas … responden a un guion casi nunca escrito explícitamente, pero empujado por los grupos de presión correspondientes. Parece que le preguntaron a Jospeh Carijn, un sacerdote belga fundador de las JOC (Juventud Obrera Cristiana): “usted, ¿Cómo pesca, con red o con caña? Él contestó: “yo me limito a cambiar el agua”14. Cambiar el agua, el ambiente, es lo que contribuye a dirigir el pensamiento social. Otra cosa es que esto nunca se logra al 100%.

  Detengámonos un tanto en el control de la narrativa, para ver cómo se pretenden contar historias con un nuevo componente moral, cosa que tenemos que saber discernir. El psiquiatra Glynn Harrison nos señala esto en su notable ensayo “Una historia mejor”, publicado en español en 2018. En parte, como respuesta a la frontal oposición sufrida por los colectivos LGTBI en ciertos momentos, y en ciertos ámbitos, (incluyendo agresiones físicas, siempre condenables), los diferentes grupos de presión se defienden y los apologistas de la revolución trabajan con una idea muy clara que pretende proyectar una visión inspiradora de compasión y de igualdad. En esta ruta, las ideas tienen poder, pero también lo tienen las emociones. De hecho, siempre tenemos que preguntarnos, cuando tenemos que tomar decisiones en el ámbito moral, ¿Qué es más importante, la manera de pensar ante el problema o lo que se siente al respecto? Numerosas investigaciones demuestran que, cuando emitimos juicios sobre el bien y el mal, y sobre todo juicios morales precipitados, las “reacciones instintivas” son extremadamente importantes.15 Psicólogos sociales como Jonathan Haidt, nos ilustran esto. Él plantea la imagen de un hombre bajito que va montado en un elefante; el jinete representa nuestro yo racional lógico y el elefante nuestro yo intuitivo, instintivo. El autor sostiene que el resultado es que, si quieres cambiar la opinión que tiene alguien, has de apelar tanto a su elefante emocional como el jinete intelectual que va montado encima. Entender cuál es el papel que juegan las intuiciones y las emociones es clave para comprender la ecología moral de la revolución sexual. Esta revolución no convenció a los occidentales para que abandonasen la moral; les mostró cómo pensar de otra manera con respecto al bien y al mal. Mostró que podíamos sentir otra cosa al respecto16. Y para eso, la industria del entretenimiento es el instrumento más poderoso de la revolución para la sublevación cultural, porque las historias tienen poder para influir en el corazón, entendido este como elemento emocional. Incluso vamos descubriendo cómo afectan al cerebro humano ciertas historias que apelan a las emociones y su base bioquímica, ya que se ha descubierto que el aumento de la empatía (la capacidad de comprender una situación desde el punto de vista de otra persona y de sentir lo que ésta siente) se asocia con el aumento de una hormona cerebral llamada oxitocina. Es la llamada “molécula o sustancia de los mimos, de la moral, la hormona de la felicidad”. Hay que seguir investigando al respecto, aunque algunos pensamos que somos más que química, por mucho que discrepen los materialistas. 17 Con todo, y siguiendo con el papel clave de la industria del entretenimiento en el cambio social, Jeffrey Zacks, en su libro Flicker: Your Brain on Movies (“El parpadeo: tu cerebro y el cine”) ha demostrado que la inmersión en el drama visual/auditivo/sensorial de las películas activa nuestro instinto de imitación, además de nuestras emociones. Las historias que tienen un arco dramático redentor resultan especialmente eficaces para incitar a la mente a disponerse al cambio18. Por tanto, debemos estar muy atentos porque aun cuando los cristianos pretendan mantenerse fieles intelectualmente a la enseñanza ortodoxa, los años de ver televisión y películas de cine pueden cautivar los corazones y vaciar las mentes19. Y es que las películas basadas en una historia real y los dramas que exponen combates heroicos, resultan atractivos para el tipo de pensamiento moral que tenemos hoy en occidente, que es individualista. Al provocar la empatía con el personaje principal, conectamos con esos instintos morales que se preocupan por las necesidades individuales, en lugar de empatizar con aquellos que apelan a los “grandes” valores sagrados que contribuyen al bienestar de la comunidad general. Por tanto, buena parte del éxito de la revolución sexual se puede atribuir a su uso de la industria del ocio como arma principal de subversión cultural, teniendo en cuenta su narrativa esencial en tres partes: el individualismo heroico, una trayectoria redentora y una visión moral clara, atrayendo poderosamente a las personas normales.

  A todo esto, hay que sumar el activismo agresivo y convenientemente escenificado de algunos colectivos. A los grupos LGTB se les da especialmente bien y han acumulado gran experiencia en ese terreno. De hecho, Harrison propone que, la lección principal que podemos aprender de su trabajo, es que si se quiere sobrevivir como minoría, la máxima prioridad debe ser mantener y respaldar las condiciones de sus propios miembros, proporcionar lastre intelectual a sus comunidades y también encender su imaginación, haciendo necesario que tuvieran tanta confianza en lo que creían que les hiciera sentirse orgullosos. Por eso su insistencia en “el orgullo”. El flagrante exhibicionismo sexual y los gestos provocativos que caracterizaron (y siguen caracterizando) algunos eventos del Orgullo Gay nos han llevado a muchos cristianos a no captar del todo la idea de fondo. Según Harrison, no son festivales de desenfreno sexual, sino auténticas liturgias seculares que proclaman las convicciones profundas de algunas personas sobre lo que significa ser humanos y, al hacerlo, las graban aún más profundamente en los corazones y en las mentes de quienes las defienden20.

3. Influencia en el sistema educativo. Este es el siguiente paso, como se está viendo en la educación, especialmente en el ámbito público.

4. Cambio legislativo. Y este es el último paso en la cadena. Hacer legal todo aquello que la ideología quiere imponer. Por esto, ya tenemos, ante nosotros, a día de hoy el debate en el parlamento español a propósito de la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI.

Notas :

  1. Revolución sexual. Una perspectiva bíblica y un análisis médico. Col. Integridad y Sabiduría. Nashville, 2018. Sheraldi y Nuñez, p.106

  2. Failed Assignments. Rethinking Sex Designations on Birth Certificates. Shteyler, VM et al. N ENGL J MED 383;25 December 17, 2020.

  3. https://www.elmundo.es/papel/historias/2022/10/17/634d620ffc6c832b568b45b4.html

  4. https://www.elmundo.es/papel/2022/10/08/634062b8e4d4d89c0c8b45b3.html

  5. Ganna et al., Science 365, 882 (2019) 30 August 2019

  6. Errasti, J. y Pérez Álvarez ,M. Nadie nace en un cuerpo equivocado. Edición digital 2022 Prólogo de Amelia Valcárcel

  7. La hiperplasia adrenocortical congénita tardía: (1,5%), el síndrome de Klinefelter (0,0922 %), No XX o no XY -salvo síndrome de Turner y Klinefelter- (0,0639%), síndrome de Turner (0,0369 %), hiperplasia adrenocortical congénita clásica (0,00779 %), síndrome de insensibilidad a los andrógenos (0,0076%), hermafroditas verdaderos (0,0012 %), idiopáticos: (0,0009%) y el síndrome de insensibilidad parcial a los andrógenos (0,00076%).

  8. Op. Cit. Edición digital, cap. 1

  9. Sprinkle, P. Embodied. Transgender identities. The church and What the Bible has to Say. Edición digital

  10. Sheraldi, op.cit., p. 108

  11. VIDAL, César. La Ideología de Género y su Agenda Deconstructiva. Conferencia dada en República Dominicana, 31 de diciembre de 2019. https://www.youtube.com/watch?v=Bg2O9MXbcM4

  12. https://diario.madrid.es/wp-content/uploads/2017/03/GuiadelLenguajeInclusivoyNoSexista.pdf

  13. https://www.elmundo.es/espana/2021/07/17/60f2f8e4e4d4d830068b464b.html

  14. Citado en https://www.youtube.com/watch?v=3rHXZroA5GI&t=158s, min 58 aprox. No he podido documentar esta cita en otros sitios.

  15. Harrison, G. Una historia mejor. Ed Andamio, Barcelona, 2018, pp. 37 y 72-75

  16. Op, cit., p.72

  17. Op. Cit, 93-94

  18. Op. Cit., 97

  19. Op. Cit. 111

  20. Op. Cit. 118

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