El dragón y las dos bestias

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Por: Alberto Arjona

(Apocalipsis 11:15-12:17)

Si Juan hubiera terminado aquí el libro, en un sentido ya sabríamos lo fundamental, lo que nos haría falta para saber cosas imprescindibles para mantenernos en pie: Que el mundo no va a la deriva sino que el Señor reina y es él quien pone y quita reyes, que controla todo este universo; que todo tiene sentido, incluso el sufrimiento como altavoz que lleve a la gente al arrepentimiento y deje los ídolos en los que se apoya; que a la iglesia también le toca sufrir, que sufre con el mudo y sufre además por causa del testimonio; que es por un tiempo limitado, controlado por Dios, hasta que vuelva el Señor a por los suyos y que llegará un momento en el que aparentemente la iglesia habrá sido destruida pero es justamente el momento de su gran victoria, cuando el Señor vuelva a por su iglesia y a juzgar al mundo.

¿Ya está dicho todo? El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos (la iglesia redimida, o incluso la totalidad del pueblo de Dios) que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

En el capítulo cinco cantaron: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Pero aquí la adoración se centra en el hecho de que Dios ha cumplido su propósito. No hay alegría mayor que saber que por fin, sin trabas ni obstáculos, sin enemigos, sin voluntades rebeldes, Dios toma el control de la Historia. Todas las cosas son hechas nuevas. Es la vindicación de Dios mismo ante toda criatura. Ha cumplido su propósito: vivir en comunidad eternamente con todo su pueblo.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. Una victoria que incluye juicio para los rebeldes, los que desecharon la gracia de Dios ofrecida en Cristo. Dios pone cada cosa en su sitio.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo. Es una señal de la presencia de Dios y su favor hacia ellos en Jesucristo. Ya veremos al final del libro cómo Dios está presente en los suyos haciéndonos compartir con él su morada, su tabernáculo, su casa.

¿Para qué seguir, entonces? ¿Qué hay más que añadir? ¿No está todo dicho? Pues en un sentido ya está todo dicho. Estamos a la mitad del libro y es como si todo volviera a comenzar, pero Dios quiere que conozcamos bien a sus enemigos que son también nuestros enemigos. Se desenmascara al gran enemigo, el diablo, el gran engañador de las naciones, que presenta simbólicamente como dragón; se nos advierte acerca de una persona o sistema que ejerce dominio sobre la tierra y es apoyada por un gran aparato ideológico. Son las bestias, la que veremos que sale del mar y otra de la tierra. Y se nos advertirá sobre la manera de vivir de esta sociedad, que igual que en tiempos de Juan solo se piensa en el consumismo. Presenta a esa sociedad como la “Gran Ramera”.

Y el primer enemigo que nos presenta Juan es el maligno tratando de anular al Mesías, a Cristo.

Recordando a José. ¿Nos trae a la memoria la imagen que nos describe Juan acerca de la mujer de 12:1 una historia del AT? Recordemos la historia de José. Sus hermanos estaban muy enfadados con él además de ser el preferido de su padre, Jacob. Sus sueños no ayudaban a evitar el rechazo: Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente. Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía… Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto.

Han sido distintas las identificaciones que se han querido hacer de la mujer en este capítulo pero parece la mejor la que ve en ella a la nación de Israel con la corona de doce estrellas (las doce tribus, Gé. 37:9) y que da a luz al Mesías. Recordemos lo que dice Pablo respecto a Israel: de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos (Ro.9:5)

Os presento al dragón. La mujer va a parir, lo que se describe como un alumbramiento natural, con dolores de parto, y aparece en escena una cosa muy rara, un dragón de color escarlata, con siete cabezas, diez cuernos. ¿Quién es? Juan va a decirnos más adelante que el dragón es la serpiente antigua, el mismo Satanás. Color rojo, la sangre de la cual mucha ha sido derramada por su causa. Jesús dijo que es homicida desde el principio. Siete cabezas, porque no es fácil acabar con él hiriéndole en una o varias cabezas, su vida es larga. Diez cuernos, un gran poder para el mal. Y, para que lo entendamos mejor, en cada cabeza hay una diadema que simboliza autoridad y dominio, por supuesto usurpado. Recordemos que se le llama el príncipe de este mundo.

Ambas escenas, la mujer y el dragón, son escenas celestiales. Algo muy importante, trascendente, se está cociendo en el cielo. Dios quiere que sepamos que si aquí en la tierra hay una gran batalla, antes la ha habido en el cielo, y es lo que encontramos en los vv.7-9. Lo que a Job le estaba sucediendo en la tierra tenía que ver con lo que estaba ocurriendo en el cielo. ¡Hay guerra en el cielo! Pablo tiene que recordarnos que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Una lucha de alcance cósmico. Miguel es llamado arcángel en el libro de Judas, el único que es llamado así en la Biblia. Por eso le acompañan los ángeles en esta batalla que él inicia contra Satanás y sus huestes. Satanás también tiene sus ángeles caídos. Miguel es protector de pueblo de Dios según vemos en el libro de Daniel. Aquí Satanás se presenta con aspecto de dragón, en los capítulos 12 y 13. La batalla se decide a favor de los ángeles fieles a Dios, de tal manera que el diablo y los suyos no tienen lugar ya en el cielo. Son arrojados a la tierra.

Y estamos ahora en la tierra. El parto tuvo éxito, a pesar de que el dragón quiso devorar al Mesías recién nacido. Recordemos como en su primera infancia ya hubo intentos de quitar de en medio a Jesús por parte de Herodes, el rey que temió que al que los sabios llamaron “el rey de los judíos” lo destronara a él. ¡Apocalipsis nos está contando la historia de la Navidad! Y no solo tuvo éxito su nacimiento sino que después de su vida anunciando el reino de Dios y de su muerte, resucitó y fue entronizado a la diestra del Padre, y su destino es el que vimos antes, regirá con vara de hierro a todas las naciones. Su reino ha comenzado entre los suyos, entre nosotros, pero un día se manifestará en toda su gloria.

¡Qué buena noticia! Al ser arrojados del cielo se oye la gran exclamación: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

¿Se refiere a algo futuro o Satanás ya ha sido arrojado del cielo? ¿A qué se refería Jesús cuando exclamó: Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo? ¿No nos damos cuenta de que estaba refiriéndose a algo que ocurriría por causa de su muerte en la cruz y su resurrección? Recordemos también la experiencia de los discípulos sobre su victoria sobre los demonios: Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Sin duda Jesús tenía en mente este hecho que podía anticipar como algo que ocurriría con su victoria.

¿De verdad buena noticia? Satanás arrojado a la tierra. Parece que hay celebración, aunque en la tierra hace estragos. Viene enfurecido porque sabe que le queda poco tiempo. Sí, pero su derrota está sellada, garantizada. ¿Podemos celebrar que Satanás esté actuando aquí en la tierra? ¡Por supuesto! Quien ha sido arrojado es nada más y nada menos aquel que nos acusaba, el que acusó a Job, el que acusó al sacerdote Josué en tiempos de Zacarías. Pero se le acabó esa función. Por medio de la obra de Cristo hemos sido justificados. Dice Pablo: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

La iglesia, todos los redimidos vencemos al maligno. Podría acusarnos de muchas cosas, pero su acusación no tiene poder porque le vencemos por medio de la sangre del Cordero y seguimos adelante alimentándonos con su palabra, con el evangelio.

¡Prepárate, iglesia! Satanás ha sido derrotado y lanza ahora toda su artillería sobre la iglesia. La iglesia aún no es llevada al cielo, no es arrebatada aún, como sí lo fue el Mesías, pero sí es protegida, sustentada en el desierto. ¿En el desierto? Recordemos aquella expresión de Yahweh en el libro de Éxodo acerca de cómo protegió a su pueblo de la persecución de Faraón: Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Otro guiño al AT que Juan emplea para hablar de protección a la iglesia.

¿Y por cuánto tiempo? Por un tiempo limitado. Si siete nos habla de lo completo, la mitad de siete nos habla de lo limitado. Ya lo vimos antes. La mitad de siete años es tres años y medio, o cuarenta y dos meses, o mil doscientos sesenta días, o un tiempo y tiempos y la mitad de un tiempo. Varias formas de decirnos lo mismo. La iglesia es sustentada en medio del desierto que es este mundo. ¿Cómo es sustentada? Por medio de la palabra de Dios.

Hoy día son muchos los perseguidos, los que incluso llegan a dar su vida por causa de su fidelidad a Cristo. ¿Cómo son sustentados? Por la Palabra. La misma Palabra que nos sustenta a nosotros para vivir nuestro día a día, la que nos habla de nuestra esperanza, nuestro destino eterno, las promesas que el Señor nos ha dado, y en base a eso proyectemos nuestras vidas tal y como él lo desea mientras estamos en este desierto.

Está furioso. El dragón es un dragón enfurecido. Odia a los que son fieles a Dios, odia a la iglesia, que aquí se describe como la descendencia de la mujer. ¿Cuál es su estrategia última? Abrir la boca y con ello arrastrar al pueblo de Dios (15). Ya hemos visto algo del significado de la boca en este libro. La boca de aquellos caballos de la que salían cosas malignas, la boca de los dos testigos, de los que salía poder de Dios. La boca representa lo que se dice. De la boca del Mesías sale una espada, que es la palabra de Dios.

Aquí el dragón quiere arrastrar a la iglesia por medio de la boca, de la mentira, de hacer perder a los que son de Cristo su confianza, un engaño que tiene que ver con falsas evidencias, con terribles ideologías, incluso con hacer creer a un mundo que se cree tan en posesión de la verdad que Satanás no existe, uno de sus grandes engaños. Pero el Señor hace que todo eso no llegue a los suyos, pues aunque escuchamos igual que los demás, tenemos un gran antídoto: su Palabra, evangelio, evangelio y evangelio,

Juan quiere advertírnoslo, somos el blanco del diablo en la medida que guardamos sus mandamientos y tenemos el testimonio de Jesucristo.

Dos terribles aliados. ¿Cómo consigue el dragón, un ser invisible, su propósito? Podemos anticiparlo. Tiene dos grandes aliados: una bestia que sale del mar y que se la representa con la misma descripción que al dragón, y otra que sube de la tierra cuya misión es engañar a todos los habitantes de la tierra. Aparece como un cordero, quizás con un humanismo que imita ser cristiano, pero habla como un dragón, el diablo. Estas dos bestias han sido una constante en la historia del mundo y de la iglesia, se han repetido desde el tiempo de Juan, pero llegará un momento en que llegará el clímax de la maldad, el clímax de la persecución. Pero también es una constante el que la iglesia está protegida por el Señor, aunque pueda sufrir por causa del testimonio. También habrá un momento en que esa protección tenga su clímax; será cuando nuestro Salvador venga con gloria y gran poder a por los suyos y este mundo sea juzgado.