El Dios trino - Misterio revelado

Por : Pedro Puigvert
Lo secreto pertenece a Yahweh nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley (Dt. 29:29). ¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! “¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?” “¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?” Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén (Ro. 11:33-36).
I. LA TRINIDAD EN LA BIBLIA
Cuando nos disponemos a examinar esta doctrina en la Biblia, debemos descalzar nuestros pies porque pisamos tierra santa (Éx. 3:5). Aparte de la revelación divina es imposible penetrar en el conocimiento de Dios, pero a él le ha complacido revelarnos aquellas cosas que nos está permitido saber de él. Con todo, comprender la existencia y los caminos de Dios es un ejercicio imposible cuando pertenecen a lo secreto de él, y por eso debemos limitarnos a su revelación y no especular. Como escribió José Grau: “La Revelación no es solo comunicación de la verdad, sino comunicación del poder salvador de Dios. Por consiguiente, no tiende únicamente a impartir conocimiento, sino gracia, no solo busca la instrucción de la mente, sino la salvación del hombre” (1). La doctrina bíblica de la Trinidad ha sido cuestionada a lo largo de la historia porque se ha intentado definirla racionalmente prescindiendo de los datos que nos aportan las Escrituras. En el judaísmo, se ha subrayado fuertemente la unidad de Dios y eso se introdujo en la iglesia cristiana, de manera que las distinciones personales de la Divinidad fueron eliminadas, cuando tanto el AT como el NT las diferenciaciones están presentes en bastantes pasajes.
1. Su enseñanza en el AT.
Insistimos desde el principio que se trata de una doctrina revelada. Algunos padres de la Iglesia, que prescindieron del hecho de que la revelación es progresiva, dieron la impresión que era una doctrina completamente revelada en el AT. Por otro lado, algunos teólogos opinaban que en el AT no se encontraba esta doctrina. Ambos extremos estaban equivocados. El AT no tiene una enseñanza completa de la Trinidad, pero sí que hay bastantes referencias a ella. Es importante reconocer que no debemos contemplarla como algo teórico, sino práctico y vivo que se relaciona con las obras de la creación y de la providencia, pero sobre todo con la obra de la redención. Lo fundamental de esta doctrina no está en la especulación filosófica, sino en los hechos de Dios. Y a medida que Dios ha avanzado en su revelación la claridad ha ido en aumento, especialmente a partir del momento de la encarnación del Hijo de Dios y del derramamiento del Espíritu Santo.
- 1.1. La forma plural (Gn. 1:26; 11:7). Ciertos eruditos han querido ver una referencia en el plural Elohim y en los verbos hagamos y descendamos. Pero en ambos casos, aun admitiendo eso, no se trataría de una primera información trinitaria, sino una de pluralidad de personas. Sin embargo, estoy convencido que se trata de un plural mayestático, como cuando el rey o el Papa hablan de sí mismos usando el “nos” para indicar soberanía y majestad.
- 1.2. El Ángel de Yahweh (Gn. 16:7-13; 18:1-21; 19:1-28; Mal. 3:1). Se trata de una teofanía en que Yahweh se presenta en apariencia humana y que identificamos con el Hijo de Dios, por cuanto hay por una parte identificación entre el Ángel de Yahweh y Yahweh y por otra distinción. Tenemos, pues, en estos textos la presencia de dos personas divinas, todavía no vemos la Trinidad completa en un solo pasaje.
- 1.3. La personificación de la sabiduría de Dios (Pr. 8:22-31). Como en el punto anterior, vemos a dos personas, a Yahweh y a su sabiduría que identificamos con el Logos o Verbo eterno, obrando en la creación, pero que a su vez se distingue de Yahweh.
- 1.4. El nombre de la tercera persona de la Trinidad. El término hebreo por medio del cual se designa es Ruah que equivale al griego pneuma y ambos derivan de raíces cuyo significado es “respirar” y de ahí que también se puede traducir por “aliento” o “viento”. En el AT, generalmente se emplea solo el término “Espíritu” sin mencionar ninguna cualidad, o atestigua del Espíritu de Yahweh o del Espíritu del Señor (Is. 63:14) y la expresión “Santo Espíritu” se usa únicamente en dos textos (Sal. 51:11 Is. 63:10-11), en tanto que en el NT, Espíritu Santo se ha convertido en una designación muy común para la tercera persona de la Trinidad.
- 1.5. El Espíritu Santo en la creación. No hay ningún texto en la Biblia que nos diga explícitamente que el Espíritu Santo es una persona, pero tanto su naturaleza como sus acciones son propias de una persona, distinta al Padre y al Hijo que interviene en todas las obras de Dios.
- 1.5.1. En la creación de la tierra (Gn. 1:2). Si en el primer versículo Dios es el Creador en sentido absoluto que hace surgir las cosas de la nada, en el v. 2 el Espíritu se movía sobre la superficie de las aguas, una bella imagen que nos transmite la idea de su cuidado y vigilancia en todo el proceso de la creación.
- 1.5.2. En la creación del hombre (Job 33:4, Gn. 2:7). Observamos como en Job se toman los términos “Espíritu” y “soplo” como sinónimos y, por otro lado, el soplo de Dios es el que da vida: el cuerpo procede de la tierra, pero la vida viene de Dios. Con anterioridad, Job se había quejado de su inferioridad si debía enfrentarse al Todopoderoso (9:32), pero ahora tiene delante suyo a un hombre igual que él, que había sido creado por Dios y que podía responderle en igualdad de condiciones y eso le tranquilizaría delante del joven Eliú.
- 1.5.3. En la creación y conservación de sus criaturas (Sal. 104:30). La providencia de Dios abarca a toda su creación. Todos los seres vivos dependen de su Creador y Sustentador. Esta acción divina se atribuye al Espíritu que es enviado, ¿por quién? Por el Padre. El secreto de la vida está en el Espíritu, como resaltó Pablo en el Areópago: porque en él vivimos, nos movemos y somos (Hch.17:28). A la luz de estos textos, el Espíritu de Dios no es un simple viento o soplo, sino un ser personal, distinto al Padre y al Hijo que obra claramente en toda la creación.
- 1.6. El Espíritu Santo en la redención. En la Biblia, el concepto de redención se refiere a la liberación por medio del pago de un rescate y puede ser algo individual o colectivo, o sea, el pueblo de Dios. Israel, esclavizado en Egipto, es liberado por Yahweh, Dios el Padre, que anticipaba la liberación que un día haría el Mesías o Cristo, Dios el Hijo hecho Hombre a favor de toda la humanidad, pero solo serían rescatados aquellos que creyesen en él, es decir, los elegidos desde antes de la fundación del mundo. Entendemos bien la posición que ocupan el Padre y el Hijo en la redención, pero,
- 1.6.1. ¿Cuál es el lugar del Espíritu Santo en la redención? (Is. 63:7-14).
- En este pasaje, el profeta hace memoria de las misericordias de Yahweh, con referencia al éxodo de Egipto cuando Israel fue redimido por el Señor y por tres veces menciona al Espíritu Santo, dos de ellas de manera excepcional. En primer lugar (11b), el Señor puso en medio de su pueblo a su Santo Espíritu cuando los redimió, como también hizo con la Iglesia redimida por Cristo. En segundo lugar, cuando este pueblo se rebeló, el Espíritu Santo se enojó con ellos y se les volvió enemigo y fueron castigados, pero no desechados (10); y en tercer lugar, el Espíritu de Yahweh los pastoreó, es decir los gobernó guiándoles para hacerse un nombre glorioso (14). Hoy también la Iglesia es gobernada por el Espíritu a través de su Palabra. Este pasaje es útil para corregir nuestra tendencia de prescindir del Espíritu Santo en relación con la redención y de la misma manera que los israelitas hicieron enojar a su Santo Espíritu por su rebeldía, Pablo nos dice a los creyentes que no debemos contristar al Espíritu Santo de Dios (Ef. 4:30).
- 1.7.El Espíritu Santo en la restauración. De la misma manera que ocurre con la redención, la restauración también puede ser individual o colectiva y en el AT hallamos ambas cosas en las que el Espíritu Santo está involucrado.
- 1.7.1. La restauración individual (Sal. 51:11-12). El salmista David había pecado y tenía necesidad de ser lavado y purificado. Solo de esta manera volvería a tener alegría. Pero no basta el perdón que borra la culpa, era necesaria una renovación mucho más profunda, precisaba de una nueva “creación” espiritual (10). Y eso solo puede hacerlo Dios. David pide que el Espíritu Santo no le sea retirado, no que pueda perder la salvación, sino la unción del Espíritu que había recibido para poder ejercer como rey.
- 1.7.2. La restauración colectiva (Ez. 37:1, 9,14, 39:28-29). El profeta es tomado por Yahweh y transportado en el Espíritu, para que contemplara un valle de huesos secos desparramados como los restos de un ejército de muertos calcinados por el sol que simbolizan la casa de Israel. El profeta recibe la orden de Yahweh de profetizar sobre los huesos. Además, a la palabra se une la acción del Espíritu que sopla de los cuatro puntos cardinales, un modismo para indicar su procedencia. Por la acción de la palabra de Yahweh, los huesos empiezan a unirse, pero les faltaba vida. De ahí que fuese necesaria la acción del Espíritu para que recobrasen la vida.
- 1.8. Las obras del Espíritu Santo. Además de todo lo mencionado, se cita también su actividad dando los dones de sabiduría e inteligencia, en toda ciencia y en todo arte (Éx. 31:2-5). Asimismo, el Espíritu es el que unge a los sacerdotes (Éx. 28:41), los reyes (1 R. 1:34) y los profetas (1 R. 19:16). Aunque no se mencione explícitamente al Espíritu, el aceite de la unción lo simboliza. Tenemos también la promesa de que el Espíritu sería derramado en los últimos tiempos (Jl. 3:1-5; 2:28-32 en otras versiones).
- 1.9. La explicitación trinitaria en los profetas (Is. 48:16; 61:1; 63:9-10; Zac.3:2).En estos textos Yahweh o el Mesías en otros casos, toma la palabra y menciona a Yahweh y al Espíritu. En el texto de Zacarías, solo aparecen dos personas. Como ya hemos señalado esta parte de la revelación anticipa lo que de manera más amplia el NT se encargará de mostrar.
2. Su enseñanza en el NT
Cuando consideramos el NT, observamos que en la culminación de la revelación las distinciones entre las personas de la Deidad, es mucho más clara, lo que es evidente si tenemos en cuenta que la revelación de Dios es progresiva hasta alcanzar un clímax. Si en el AT, Yahweh es presentado como redentor y salvador de su pueblo (Sal. 19:14, 78:35, 106:21; Is. 41:14, 43:3, 11,14; 47:4; 49:7,26; 60:16, 59:20; Os. 13:3), en el NT se dice lo mismo del Hijo de Dios (Mt. 1:21; Lc. 2:11; Jn. 4:42; Hch. 5:31; Gá. 3:13, 4:5; Tit. 2:13-14). Y de la misma manera podríamos ir viendo como lo que se dice de Yahweh que mora en medio de su pueblo (Sal. 74:2; Is. 8:18; Ez. 43:7-9), en el NT es el Espíritu Santo el que habita en la Iglesia (Ro. 8:9,11; 1 Co. 3:16; Ef. 2:22), Por otro lado, el NT enseña que Dios el Padre envía a su Hijo al mundo (Jn. 3:16; Gá. 4:4) y una vez hecha la obra expiatoria del Hijo hecho Hombre, el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo (Jn. 14:26; 15:26). Un examen a fondo de estos textos nos enseña que las tres personas se distinguen una de otra como persona, siendo cada una Dios en su esencia o naturaleza.
- 2.1. Evidencias de la existencia trinitaria de Dios. Los textos más relevantes son:
- 2.1.1. En el bautismo de Jesús (Mt. 3:16-17). Dios el Padre es el que habla desde los cielos de su Hijo y el Espíritu Santo desciende de forma simbólica (como paloma), empleando un símil que expresa su descenso, sobre Jesús.
- 2.1.2. En la gran comisión (Mt. 28:19). Contiene el mandamiento de bautizar en el nombre (singular) de las tres personas, lo que nos lleva a la conclusión que existe un solo nombre (Yahweh) común a tres personas perfectamente distintas por los tres artículos determinados y la repetición de la conjunción “y”. La preposición eis en el griego significa “hacia” el nombre y comporta tanto la unidad de Dios, como la distinción de las tres personas escrupulosamente enumeradas que expresan su divinidad (2).
- 2.1.3. En la distribución de los dones (1 Co. 12:4-6). Aquí se mencionan las tres personas en orden inverso al anterior, empezando por el Espíritu Santo. Ocurre así porque al tratarse de los dones en este capítulo y en los dos siguientes es una facultad que corresponde a la tercera persona de la Trinidad. En el NT cuando encontramos el término “Dios” con artículo y sin otra cualificación designa siempre al Padre, mientras que el título Señor se refiere al Hijo de Dios, Jesucristo, excepto en citas del AT y Lc. 1. Bernard Coster lo explica de la siguiente manera (3).
- 2.1.4. En una doxología (2 Co. 13:14). El apóstol menciona primero la gracia del Hijo, añadiendo el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo que es el vínculo de unión de los cristianos, como el amor lo es del Padre y del Hijo (Ro. 5:5; Jn. 17:24,26).
- 2.1.5. En la unidad del Espíritu (Ef.4:4-6).Hay un cuerpo, porque solo hay un Espíritu, el cuerpo único es la Iglesia, cuerpo de Cristo, cohesionado por el Espíritu Santo que mora en ella; hay una esperanza, una fe y un bautismo, porque solo hay un Señor, Jesucristo, el cual es el único objeto de la fe, la esperanza y el bautismo del Espíritu. En tercer lugar hay una sola familia cristiana, porque solo hay un Dios y Padre de todos los verdaderos hijos de Dios redimidos.
- 2.1.6. En las competencias de la Trinidad (1 P. 1:2). Le corresponde al Padre la elección de los creyentes en su presciencia (4), un atributo divino, que no solo es conocimiento anticipado, sino que de alguna manera implica su voluntad electiva (Ro. 8:29). Al Hijo le atañe realizar la redención y al Espíritu Santo, la santificación. Nota: No mencionamos 1 Jn. 5:7, porque se trata de un texto añadido.
Conclusión
Por todo lo expuesto podemos extraer la definición siguiente: “Según esta verdad y esta Palabra de Dios, el cual es una única esencia en la que hay tres personas, real, -verdadera- y eternamente distintas según sus incomunicables atributos, y que son: el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. El Padre es la causa, origen y principio de todas las cosas, tanto visibles como invisibles. El Hijo es el Verbo, la Sabiduría y la Imagen del Padre. El Espíritu Santo es el eterno Poder y Potencia, procediendo del Padre y del Hijo. De tal manera, sin embargo, que esta distinción no hace que Dios sea dividido en tres, ya que la Sagrada Escritura nos enseña que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, cada uno tiene su independencia, distinta con sus atributos; de tal manera, no obstante, que estas tres personas son un solo Dios” (5).
II LA TRINIDAD EN LA CRUZ DE CRISTO
Seguramente hemos escuchado en más de una ocasión que en todas las obras de Dios están presentes las tres personas de la Trinidad: en la salvación, Dios el Padre la planificó, Dios el Hijo hecho Hombre la realizó por medio de su muerte y resurrección y Dios el Espíritu Santo la aplica a la vida y experiencia del creyente. Sin embargo, hay un aspecto de la doctrina de la Trinidad que se suele soslayar, porque no lo he encontrado expuesto en ningún libro de doctrina ni de Teología Sistemática de modo preciso: la participación de la Trinidad en la cruz de Cristo. Nosotros, cuando celebramos el partimiento del pan los domingos, de una manera o de otra, en algún momento del culto nos referimos a la cruz de Cristo, pero difícilmente la relacionamos con la Trinidad, salvo cuando leemos el Salmo 22 en que Jesús hizo suyas las palabras del salmista y únicamente para destacar el abandono del Padre, porque a lo mejor pensamos que es una obra en la que participó solo el Señor Jesucristo. De manera parecida ocurre con la oración, como veremos en el tercer estudio, cuando no la relacionamos con la Trinidad, tema que expuse en un artículo en Edificación Cristiana. El tema es extenso, por eso solamente haremos un acercamiento básico al mismo. Uno de los teólogos contemporáneos que más ampliamente lo ha tratado es Jürgen Moltmann, en su obra “El Dios crucificado” y también en “El Camino de Jesucristo” aunque a veces se le va la mano.
1. Dios el Padre entregó a Dios el Hijo en la cruz (Hch. 2:22-23, 4:27-28, Ro. 8:32, Jn. 3:16, 1Jn.4:9)
Todos estos versículos tienen en común el uso de los verbos dado y entregado, constituyendo la base de la salvación del pecador.
- 1.1. Dios el Padre entregó a Dios el Hijo según su propósito (Hch. 2:22-23, 4:27-28). Buena parte de los que oían a Pedro habían estado presentes en la muerte de Cristo y posiblemente pensaban que aquello había ido una ejecución de los romanos sin ver el alcance de aquella acción. De ahí que el apóstol quiera manifestar que se trataba del cumplimiento de un plan divino preparado desde la eternidad en el seno del consejo eterno. La palabra traducida por “consejo” significa “voluntad” o “designio” y es el término más común para nombrar el decreto de Dios en general que según el Catecismo Menor de Wesmintser puede definirse como “su propósito eterno, según el consejo de su propia voluntad”. A pesar de haberse originado en Dios, no se descarta la responsabilidad humana en la muerte de Jesús. Fue prendido y muerto por manos de inicuos y aunque los ejecutores fueron los romanos no se excluye la incumbencia de los judíos en la muerte de Cristo. Como dice Bruce: “Todo fue permitido por Dios para la ejecución de su propósito de salvación” (6).
- 1.2. Dios el Padre entregó plenamente a Dios el Hijo (Ro. 8:32). El motivo de confianza y de seguridad que comprende todos los demás, es el amor de Dios y la manifestación de este amor que los sobrepasa a todos es el don de su propio Hijo. Pablo se ha referido más arriba a los cristianos como siendo hijos de Dios por adopción, pero Cristo es su propio Hijo, un significado que no es aplicable ni a los ángeles ni a los hombres. Fue entregado por todos nosotros, no solamente para nuestro bien, sino en nuestro lugar. Es decir, para aquellos que según su propósito son llamados, justificados, predestinados y glorificados.
- 1.3. Dios el Padre entregó a Dios el Hijo por amor a nosotros (Jn. 3:16, 1 Jn. 4:9). La iniciativa parte de Dios el Padre para que el pecador pueda obtener la vida eterna: ha dado a su Hijo unigénito. ¿Qué impulsó al Padre a tomar esta iniciativa? ¿Qué vio en el hombre para darle la vida eterna? Como no había ningún mérito en nosotros por el que Dios tuviera que salvarnos, el único impulso fue su amor, no a unos cuantos hombres, sino a toda la humanidad, pero solo todo aquel cree en Cristo tiene vida eterna.
- 1.4. Dios el Padre abandonó a su Hijo en la cruz (Mt. 27:46). En este punto debemos partir de la palabra griega paradidonai que en los evangelios tiene un sentido negativo: significa poner en manos de, traicionar, entregar, rechazar. El abandono de Jesús en la cruz por Dios supone un rechazo del Padre. El apóstol Pablo emplea el término entregar en Ro. 1:24 para expresar la ira y el castigo de Dios por el pecado de los hombres. Los seres humanos que abandonan al Dios invisible y adoran a las criaturas en vez del Creador, son abandonados por Dios y entregados a sus propios deseos. Más adelante, Pablo usa el mismo verbo, cuando contempla el abandono de Jesús por Dios, no a la luz de su vida, sino de su resurrección. El Dios que resucitó a Jesús es el mismo que lo entregó a la muerte en la cruz (Ro. 8:32). El abandono en la cruz, hace que Jesús exclame: por qué me has abandonado. La respuesta la tenemos en las palabras de Pablo: fue por todos nosotros (Ro. 8:32). Todavía añade el apóstol algo más: por nosotros lo hizo pecado (2 Co. 5:21). La NVI traduce: al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios. Comenta J.M. Martínez: “Con estas palabras realza Pablo dos de las grandes doctrinas relativas a la salvación: la muerte vicaria y expiatoria de Cristo y la justificación del pecador por la fe en él” (7). Y Moltmann va más lejos y nos dice: “hay que hacer aquí, sin embargo, una clara distinción: al entregar al Hijo, se entrega también el Padre, pero no del mismo modo. El Hijo padece la muerte en este abandono. El Padre padece la muerte del Hijo; la padece con el infinito dolor del amor al Hijo. Por eso, a la muerte del Hijo corresponde el dolor del Padre (…). Aquí está en juego el ser de Dios, la vida interna de la Trinidad. El amor compasivo del Padre se convierte en dolor infinito hasta la muerte. El amor-respuesta del Hijo se convierte en sufrimiento infinito por el abandono del Padre. Lo que acontece en el Gólgota llega a las honduras de la divinidad y por eso marca la vida trinitaria de Dios en la eternidad. Cristianamente hablando, en el centro de la Trinidad está siempre la cruz, pues la cruz revela el corazón del Dios trino que late por toda la creación” (8).
2. Dios el Hijo se ofreció y entregó voluntariamente a Dios el Padre en la cruz (Ef. 5:2,25, 1 Ti. 2:6, Tit. 2:14, 2 Co. 5:17-21; Gá. 2:20)
No hay contradicción entre los textos que dicen que fue entregado por el Padre y estos que se refieren a su propia entrega, porque lo que tradicionalmente se llama expiación vicaria (sustitutiva), debe ser entendida como un acontecimiento trinitario. Es la historia de la entrega del Padre y del Hijo en la cruz. Tres agentes diferentes de la entrega salvadora de Dios a la humanidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo se hacen patentes como para encontrar en la cruz un indicio de la fe trinitaria de la iglesia primitiva.
- 2.1. Dios el Hijo se entregó por amor a la Iglesia (Ef. 5:2,25). Se refiere a la auto-entrega que es agradable a Dios como olor fragante. El amor de Cristo es auto-sacrificial, como ofrenda y sacrificio a Dios. Llama la atención que el amor sacrificial por los demás se transforma en sacrificio agradable a Dios. Pablo pone como ejemplo de amor sacrificial por la esposa el de Cristo por la Iglesia, con cinco verbos que son los pasos consecutivos del compromiso del Señor con su esposa. la Iglesia: la amó, se entregó, la santificó, la purificó y se la presentó a sí mismo.
- 2.2. Dios el Hijo se dio a sí mismo en rescate (1 Ti, 2:6, Tit 2:14). El rescate o el precio del rescate era la suma que se pagaba para redimir a los esclavos o los prisioneros de guerra. El que Cristo pagara con su propia vida nos enseña que esta era la intención de Dios (1 Ti. 2:4).
- 2.3. Dios el Hijo nos reconcilió con Dios el Padre en la cruz (2 Co. 5:17-21). A causa del pecado, los seres humanos, vivimos enemistados con Dios, siendo merecedores de su juicio condenatorio, pero Cristo cargó sobre sí con nuestra culpa, pagó por ella en la cruz y en base a la expiación abrió el camino para que el hombre vuelva arrepentido a Dios. De este texto destaca que Dios estaba en Cristo reconciliándonos, una idea que se opone tanto a la que tenían los griegos, como la que la religiosidad no bíblica tiene hoy: que la decisión para lograr el favor de la divinidad parte del hombre, el cual con sus sacrificios aplaca la ira y contenta a los dioses. Pero este texto y toda la Biblia nos enseña que la iniciativa parte de Dios y el camino de la reconciliación es Cristo. En segundo lugar, señala la base sobre la que descansa la obra de Cristo: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios” (NVI). Con estas palabras Pablo destaca dos de las grandes doctrinas sobre la salvación: la muerte vicaria y expiatoria de Cristo y la justificación del pecador por la fe en él.
- 2.4. Dios el Hijo me amó y se entregó por mí (Gá. 2:20). El Hijo no fue entregado solamente por el Padre, sino que él por amor se entregó por mí. Su pasión y muerte fueron también actos en que conscientemente dio su vida por aquellos que iba a redimir de sus pecados. Su auto-entrega consistió en el abandono de la gloria para asumir la condición de esclavo (Fil. 2:5-11), haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Su abajamiento no consistió en hacerse hombre siendo Dios, sino que estando en esta condición se humilló a sí mismo aceptando la voluntad del Padre, como lo expresó en su oración en el huerto de Getsemaní (9). Incurre Moltmann en la herejía kenótica, cuando dice: “el Hijo de Dios se despoja de su divinidad y recorre el camino de un pobre esclavo hacia la muerte en cruz” (10).
3. Por medio del Espíritu eterno Dios el Hijo se ofreció a Dios Padre (He. 9:14)
- 3.1. La mediación del Espíritu. Es evidente que la acción del Espíritu Santo con relación a la cruz es menos abundante que las otras personas divinas. El sacrificio de Cristo se ofrece a Dios Padre, pero con una diferencia a lo que hemos visto hasta ahora, lo hace inducido y consagrado por el Espíritu de Dios que tenía sin medida. En lugar de Santo, dice eterno, lo que da al sacrificio un carácter de vida imperecedera. En un solo versículo están presentes las tres personas de la Trinidad. La entrega del Padre y del Hijo sucede por el Espíritu.
- 3.2. Jesús el ungido del Padre por el Espíritu (Hch. 10:38). Ungido viene de la misma raíz que Cristo. Este acto tuvo lugar cuando Jesús fue bautizado y el Espíritu descendió sobre él. Por eso la cruz es también entrega del Espíritu. En la cruz, Cristo entrega al Padre el Espíritu con que el mismo Padre le había ungido y que le será ofrecido en plenitud en la resurrección (Ro. 1:4). En el mismo acontecimiento de la cruz el Espíritu es entregado por el Hijo al Padre para que el crucificado quede abandonado de Dios.
- 3.3. El Espíritu en la cruz. Sin la entrega del Espíritu, la cruz no se mostraría en toda su radicalidad de acontecimiento trinitario y salvífico. “La figura trinitaria se ofrece en la cruz en la unidad del Hijo que se entrega, del Padre que lo entrega, del Espíritu entregado por el Hijo y acogido por el Padre. Interpretando la cruz como acontecimiento de Dios, como suceso entre Jesús y su Dios y Padre, uno se ve obligado a hablar trinitariamente del Hijo, del Padre y del Espíritu. La doctrina trinitaria no es ya, en tal caso, una especulación excesiva e inútil sobre Dios, sino que representa sencillamente el resumen de la pasión de Cristo en su importancia para la libertad escatológica de la fe y de la vida de la naturaleza oprimida. El contenido de la doctrina de la Trinidad es la cruz real de Cristo. la forma del crucificado es la Trinidad” (11).
Conclusión
Alegrémonos y gocémonos porque la obra de la cruz está garantizada por el Dios trino. El Padre entrega al Hijo; el Hijo se ofrece a sí mismo y mediante el Espíritu eterno. La salvación que emana de la cruz es una obra perfecta trinitaria a favor de los que han creído y en los que Cristo vive en ellos.
III LA TRINIDAD EN LA VIDA DEL CRISTIANO
La doctrina de la Trinidad tiene aspectos muy prácticos en la vida cristiana. Empezando por la salvación que es una obra del Dios trino que incluye la justificación por la fe por un lado y la santificación que pertenece al caminar cristiano alejándose cada vez más del pecado para estar en comunión con Dios Padre por medio de Cristo y bajo la dirección del Espíritu Santo. Siguiendo por el servicio dentro de los múltiples aspectos en que podemos servir a otros por amor al Dios que nos ha redimido. Pero quiero centrarme en un aspecto fundamental de la vida cristiana como es la oración.
1. La oración en la vida cristiana (Lc. 11:1)
Según el evangelista Lucas, uno de los discípulos de Jesús le hizo la petición de enseñarles a orar y el Señor les instruyó con la oración que ha quedado como modelo para el pueblo de Dios. Sin embargo, llevo tiempo observando que no solo descuidamos su forma cuando oramos en público, sino que además manifestamos con nuestras palabras una pobreza de conocimiento bíblico y doctrinal preocupante. En ocasiones sale de nuestra boca alguna frase que podríamos inscribir en el marco de la herejía, no pronunciada con la intención de sembrar el error, sino por desconocimiento o por haber creído alguna doctrina que hemos asumido sin examinarla. A mí no me importa que hermanos neófitos hagan tal cosa porque es fácil instruirles sobre lo que las Escrituras enseñan acerca de una doctrina determinada. Lo realmente desconcertante es que haya hermanos que hace muchos años que son creyentes e incluso ancianos, que oran siguiendo un mismo cliché y transmiten el mismo tipo de errores. Vamos a ver lo más destacado:
2. Un modelo de oración trinitaria (Mt. 6:9, Lc. 11:2, Jn. 14:13)
Tanto en Mateo, como en Lucas y Juan, Jesús enseñó que la oración debe dirigirse al Padre en el nombre de Cristo (Mt. 6:9, Lc. 11:2, Jn. 14:13). Eso es algo fácil de entender, pero en la práctica muchos hermanos confunden las personas de la Trinidad porque no acaban de ver claro el concepto de persona y el hecho que tanto el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen la misma naturaleza divina, es decir, son Dios. Entiendo que se trata de un misterio, pero Dios nos ha dado luz por su revelación y algo sabemos. Al relacionar la oración con la Trinidad vemos que:
- 2.1. La oración se dirige al Padre (Mt. 6:9). El problema de muchos creyentes es que no acaban de comprender que en Dios hay tres personas y cuando oran lo mismo se dirigen a una que a otra o emplean la palabra Señor que vale tanto para el Padre como para Cristo. Sin embargo, por lo que dicen se deduce que pasan de una persona a otra sin distinguirlas y aquí viene la confusión y el error. Es habitual escuchar una oración que se dirige al Padre cuando lo que dicen se lo están diciendo a Cristo. Y cuando terminan la oración, concluyen con la frase “en nombre de Cristo “, pero entonces desaparece la función del Mediador. Esta frase no es una simple forma de despedir la oración, ni decir Señor es una pausa para tomar aire, sino que tiene una importancia de primer orden: ninguno de nosotros, pecadores, se puede presentar delante del trono de la gracia y hablar con Dios el Padre sino es a través del único Mediador (1 Ti. 2:5). Por eso nos acercamos a Dios cubiertos por el sacrificio de Cristo (He. 7:25) y nuestra oración llega al Padre por medio de Cristo que es una de las condiciones para ser respondida. Hace algún tiempo escuché por las cercanías de Navidad la oración de ¡un siervo del Señor! que dijo algo tan extravagante como que el Padre había nacido en Belén. No exactamente con estas palabras, pero empezó dirigiéndose al Padre y más adelante con referencia al texto de Isaías dijo que era el niño que nos es nacido. Lo que realmente raya la inconsciencia es escuchar, y eso pasa mucho en las iglesias que celebran el partimiento del pan cada domingo y lo propicia, oraciones que se dirigen al Padre dándole las gracias por haber muerto por ellos en la cruz. En este estudio hemos aclarado en que aspecto participó el Padre en la muerte del Hijo hecho Hombre, pero de esto a dar gracias por haber muerto hay un abismo que enlaza con una herejía. Esta herejía recibe el nombre de sabelianismo, pero eso es lo que menos importa. También hay hermanos con buena memoria que sus oraciones son una recitación de textos bíblicos con capítulo y versículo incluidos. Una cosa es estar lleno de la Palabra de Dios y que las oraciones lleven su sello y otra recordarle al Señor las Escrituras.
3. El uso de analogías
Para explicar las tres personas de la Trinidad se han buscado analogías que ayuden a su comprensión, pero ninguna puede expresar satisfactoriamente este misterio y en un caso se ha caído en la herejía. Me refiero a los que comparan las personas divinas con los tres estados de un líquido. El mismo líquido puede convertirse en sólido cuando se hiela y en gaseoso cuando se calienta. Pero eso son tres estados o modos esenciales de una misma cosa y borra la distinción de personas. Esta herejía es muy antigua y se conoce con el nombre de modalismo por el modo, ya que dicen que existe una sola persona en Dios que unas veces actúa como Padre, otras como Hijo y otras como Espíritu Santo, como si se transmutara en cada ocasión; monarquianismo, por su énfasis en que la persona de Dios es una sola que adopta tres roles; y sabelianismo por Sabelio el máximo exponente de esta doctrina errónea. Confunden naturaleza con persona. Quizás pensamos que es una herejía del pasado, pero está presente en iglesias que se llaman evangélicas. Hace bastante tiempo entró en nuestra congregación un joven de unos treinta y pico años de Uruguay, vestido con pulcritud, cuando el culto había empezado. Aproveché el canto de un himno para acercarme a él y preguntarle si era miembro de una iglesia evangélica para darle la bienvenida a la Mesa del Señor y me dijo que sí, pero que no quería que se le diese la bienvenida ni iba a tomar la Cena del Señor porque antes tenía que consultarlo con su pastor. Una vez terminado el culto fui a saludarle y que me explicara su actitud; descubrí que era modalista por su insistencia en el argumento del bautismo en el nombre de Jesús solamente. Había venido porque estaba recorriendo las iglesias y quería encontrar una de su misma doctrina. Tuvimos un intercambio epistolar doctrinal vía correo electrónico, hasta que al tercer e-mail ya no me respondió ni volvió más a la iglesia. Otra comparación de la que soy consciente de su imperfección, pero uso cuando enseño la doctrina de la Trinidad, es la ilustración con el ejemplo de una familia en que cada persona es distinta, pero todos tienen una misma naturaleza humana. Es imperfecta porque se puede caer en el triteísmo, pero aplicada a la oración me sirve para explicar como un yo se dirige a un tú y que este tú es de la misma naturaleza que el él de la misma familia y se coloca entre yo y el tú al que me he dirigido mediando entre ambos. Probablemente, la analogía más conocida y la más antigua es la del triángulo equilátero en que un vértice representa al Padre otro al Hijo y el tercero al Espíritu Santo. Las líneas expresan comunicación de la naturaleza divina, una relación que los une y que a la vez los distingue. Dice Lacueva; “así quedan las tres personas, los tres vértices perfectamente unidas entre sí por la comunidad indivisa del espacio interior (Dios), o esencia divina que los tres poseen integralmente en la unidad de un solo triángulo, a la vez que cada persona se distingue realmente de las otras dos” (12). El problema está en cómo aplicarlo a la oración por su representación geométrica.
- 3.1. La oración está mediada por el Hijo. Sin duda el texto más importante del NT sobre este asunto es la carta a los Hebreos en donde aparece la figura del Mediador o Intercesor una vez ha cumplido la obra de nuestra redención. Ha hecho su entrada en el Lugar Santísimo una vez y para siempre (He. 9:12) en donde continúa su obra realizando la función intercesora propia del sacerdote, ejerciendo un sacerdocio inmutable (He. 7:24-25). Un sacerdote siempre es por definición hombre. Si Cristo es Sumo Sacerdote lo es en virtud de su humanidad y no de su deidad. Aun estando en los mismos cielos fue exaltado a la diestra de Dios Padre en virtud de su glorificación de la naturaleza humana. Si Jesús no fuese hombre, no podría ser sacerdote. Es un hombre tomado de entre los hombres y constituido a favor de los hombres. El sacerdote era el representante de los hombres ante Dios en todo lo que concierne a la relación del hombre con Dios. Implícitamente el ser humano no puede ir directamente a Dios. Como está bajo la ira de Dios, necesita un mediador, el cual tiene que ser hombre para que entienda y simpatice con nuestra debilidad. El sacerdote tenía que ser hombre, pero no cualquier hombre. Cristo era semejante pero a la vez diferente de nosotros en su perfección moral y por ello le califica para ser sacerdote en lo que a Dios se refiere, de la misma manera que su humanidad le acredita para ser sacerdote en cuanto a los hombres. Resistió la tentación (He. 4:15), fue perfecto en libertad y exento de mácula (He. 7:27) en su perfeccionamiento por la obediencia (He. 5:8-9). Las consecuencias de su perfección son: a) es poderoso para socorrer a los que son tentados (He. 2:18); b) no tiene necesidad cada día de ofrecer sacrificio, por eso su sacrificio es eficaz y perfecto (He. 7:27); c) es eficaz para salvar a todos los que le obedecen (He. 5:9). Su obra actual queda perfectamente expuesta y en cuanto a las oraciones de los creyentes le corresponde presentarlas al Padre a través suyo como ya hemos señalado más arriba. De ahí se desprende que cuando oramos debemos hacerlo con conocimiento de causa.
4. La intercesión del Espíritu Santo (Ro. 8: 26-27)
Cada una de las personas de la Trinidad está involucrada en la obra de Dios tanto en la salvación como en la santificación. Mientras la intercesión de Cristo tiene lugar fuera de nosotros porque él está en el cielo sentado a la diestra del Padre, el Espíritu mora en nosotros y su intercesión constituye una ayuda por cuanto no sabemos pedir como conviene. En nuestra debilidad, ignorancia y también sufrimiento no sabemos que contenido dar a nuestras oraciones. Entonces interviene el Espíritu y nos conduce a la elección justa de las cosas que queremos pedir y despertamos con el deseo de pedirlas desde nuestros sentimientos más profundos. Es el origen de los gemidos indecibles. Así que podemos contar no solamente con la intercesión de Cristo desde el cielo, sino además con la intercesión del Espíritu en nosotros. Los suspiros inspirados por el Espíritu en nosotros son cumplidos por Dios, pues él los reconoce como la expresión de su propio pensamiento, pues el Espíritu sondea hasta las profundidades de Dios (1 Co. 2:10). La frase ayuda en nuestra debilidad en el original transmite la figura de un hombre cogiendo un bulto para ayudar a otro a levantarlo. La verdadera oración es formada en nosotros por el Espíritu Santo. Mientras nuestras oraciones deben ser hechas en nombre de Cristo, en ninguna parte vemos que deban hacerse en el nombre del Espíritu Santo porque su obra intercesora corresponde a la de su nombre de Paráclito o Ayudador.
Conclusión
No pretendo haber escrito un tratado sobre la oración. Mi objetivo es únicamente estimular la reflexión sobre una doctrina de tanta trascendencia: la Trinidad en relación con la oración. Como consecuencia de ello espero que revisemos el fondo y la forma de nuestras oraciones públicas que son reflejo de las privadas. Cuando uno examina la himnología del siglo pasado, y aún de los anteriores, observa la riqueza doctrinal de su contenido. Al cantar el creyente era instruido. Algo semejante ocurría con las oraciones públicas que se elevaban a Dios, incluso algunos pastores las llevaban escritas. Era también una manera de instruir en la oración, pues aunque van dirigidas a Dios, su pueblo que está presente en el culto las escucha. Padre nuestro que estás en los cielos…
NOTAS
(1) Grau, José. ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros? Clie, Unión Bíblica. Esplugues de Llobregat: 2000, p. 34.
(2) Lacueva, Francisco. Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español. Clie. Terrassa:1984, p. 136.
(3) Coster, Bernard. ¿Qué son los dones espirituales? Mesa Redonda CEEB-IBSTE. 2001, pp.3-4. “Todos los dones son de Dios. La mayoría de los que tienen relación con el servicio a la Iglesia son atribuidos a Dios sin distinguir la persona de la Trinidad (Ro. 12:6; 2 Co. 1:11; 1 Ti. 4:14; 2 Ti. 1:6; 1 P. 4:10-11). En Ef. 4: 7-8 es el Hijo el que da los dones a la Iglesia y en 1 Co. 12 el origen de los dones es el Espíritu Santo, los ministerios son del Hijo (Señor) y las operaciones de Dios. Pablo no continúa esta división trinitaria en el capítulo. El v. 7 resume el conjunto de dones, ministerios y operaciones como manifestación (singular) del Espíritu y el v. 10 dice que la operación de milagros se hace por el Espíritu. La palabra (frase) dones espirituales no es correcta porque:
- a) Solo Ro. 1:11 usa la palabra (frase) carisma espiritual (singular) en el sentido del evangelio mismo y su consuelo.
- b) 1 Co. 12-14 no usa la palabra (frase) dones espirituales. Habla de los pneumatica (12:1; 14:1, lo espiritual, cosas espirituales, adjetivo plural) y pneuma (14:12, espíritu, sustantivo). En 1 Co. 12:1, la palabra pneumatica une y distingue dos obras del Espíritu Santo: * La convicción de que Jesús es Señor es obra del Espíritu Santo. Es un aspecto de la justificación (1 Co. 12:3). * La dirección de la Iglesia por el Espíritu Santo por medio de los dones, ministerios y operaciones, son manifestación del Espíritu a dada a los hombres para provecho mutuo (1 Co. 12:4-7). Es un aspecto de la santificación.
- c) Se supone que Pablo pasa de pneumatica (1 Co. 12:1) a carismata (1 Co. 12:4) para corregir la tendencia en la iglesia de Corinto de considerar ciertas manifestaciones extáticas como espirituales. Luego el adjetivo pasa de los fenómenos a las personas (1 Co. 14:37).
- d) Es evidente que el Espíritu Santo también se sirve de los talentos naturales de los creyentes. No son espiritualizados, sino santificados, que es (significa) sujetados al señorío de Cristo (1 Co. 12:3) y renovados por el amor (1 Co. 13).
- e) La interpretación de carismas en 1 Co. 12:1 y 14:1 como dones espirituales produce la espiritualización de los talentos naturales y a continuación la humanización del ministerio. El Espíritu Santo es Señor y dador de la vida (Símbolo Niceno constantinopolitano), pero no implica que la vida es espiritual. El Espíritu Santo da los dones, pero esto no significa que los dones son espirituales. Ro. 6:12-13 exhorta al servicio a Dios por medio de los miembros del cuerpo mortal que (se) corresponden con los dones naturales. Los dones no pueden ser parte de la vida nueva porque aquella vida es una realidad escatológica y está escondida con Cristo en Dios (Col. 3:3).
- f) La doctrina de que los dones son algo que el creyente no poseía antes de su conversión es una vuelta a la doctrina católica de la infusión de cualidades santas y nuevas en la persona regenerada.
- g) El concepto de que en general los dones son talentos naturales de los regenerados explica una parte de las deficiencias de la Iglesia. No podemos atribuir todo lo que va mal a los hipócritas. Muchos problemas en la Iglesia se provocan por creyentes dotados que no han santificado sus dones. La Iglesia durante siglos ha sufrido más por falta del fruto del Espíritu que por falta de dones.
- h) La espiritualización de los talentos naturales confunde la pedagogía y la educación.
(4) “El término “presciencia”, tal como se usa en el NT, es menos ambiguo que en su simple forma “conocer”. Si todos los pasajes en que aparece son estudiados cuidadosamente, se descubrirá que es muy discutible que el término haga referencia a una mera percepción de eventos que han de tener lugar. En realidad este término nunca es usado en la Escritura en relación con sucesos o acciones, sino que, por el contrario, siempre se refiere a personas. Dios “conoció por anticipado” a las personas, no a sus acciones”. Pink, Arthur W. Los atributos de Dios. El Estandarte de la Verdad, 1997, p. 31.
(5) Confesión Belga. Artículo 8.
(6) Bruce F.F. Nuevo Comentario Bíblico. Hechos. Casa Bautista de Publicaciones.1981, p.727.
(7) Martínez José M. La Biblia y su mensaje, 2 Corintios y Gálatas. Unión Bíblica, 2010, p. 46.
(8) Moltmann Jürgen. El camino de Jesucristo. Ediciones Sígueme, 1993, p. 243.
(9) Puigvert, Pedro. Getsemaní. Boletín Verdad Viva, nº 66. Iglesia Avda. Mistral. Marzo-Abril 2018.
(10) Ibid. p. 248.
(11) Moltmann Jürgen. El Dios crucificado. Ediciones Sígueme, 1977, p.45.
(12) Lacueva Francisco. Un Dios en tres personas. Clie, 1974, p. 149.